está en crecimiento y en expansión”, dice Fernando Cajías, historiador y folklorista que actualmente realiza una investigación sobre las fiestas en Bolivia.
Según el historiador, el rostro de la expresión social en La Paz tiene rasgos cristianos, pero, a la vez, su fisonomía muestra fuertemente la coincidencia en la fecha con la festividad andina que en aymara se denomina Anata. “Esta fiesta tiene relación con la primera cosecha y data de muy antiguo; dentro de la estacionalidad agrícola involucraba el tema de la lluvia y de la primera cosecha, pero ya luego, como ha pasado con muchas cosas, se va entremezclado con el calendario cristiano y de ese modo ahora la Anata empieza con la Candelaria, el 2 de febrero, y termina con el Domingo de Tentación”. Anata, el carnaval en el área rural El Carnaval en el área rural paceña tiene una fuerte dimensión espiritual relacionada con la invocación a los seres sobrenaturales que protegen la cosecha, las deidades y, en este caso en especial, la Pachamama y el Kuntur Mamani o Cóndor Mamani, que es la deidad protectora de la casa o de la sayaña. “Entonces esta fiesta, que está vinculada con la cosecha y que terminaría, según el calendario cristiano, en el Miércoles de Ceniza, en realidad se extiende hasta el Domingo de Tentación. Es más, los tres días más fuertes en el campo empiezan el Miércoles de Ceniza con la gran búsqueda de pareja de los jóvenes, porque, en general, en el área rural cada uno vive en su ayllu, entonces aprovecha la fiesta, que es más colectiva, para buscar pareja”, explica Cajías. Y ahí se puede ver cómo el Carnaval tiene que ver también mucho con la fertilidad, asegura. El trecho hasta la ciudad Esta costumbre de vincular la Anata con la fertilidad en el campo ha sido trasladada por los emigrantes a la ciudad, sostiene el historiador. En este hecho se explica que un día de particular relevancia en el carnaval andino sea el Martes de Ch’alla, que recoge esa tradición andina de renovar compromisos con la Pachamama y con el Kuntur Mamani. “Es una renovación de los compromisos espirituales y materiales, porque obviamente se quiere proteger los bienes materiales, la casa, el auto, pero también se renueva el compromiso con los seres queridos, con la familia. Esto es difícil decir cuándo empezó, pero es claro que, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, ha ido más allá, entonces hoy no solamente es el Martes de Ch’alla, sino el viernes que se celebra en las oficinas, en las construcciones, en las universidades, todo tendiente a algo común que es renovar el compromiso, la amistad, la familia y, además, proteger lo más querido dentro de los objetos materiales”. De modo que no es errado decir que el Carnaval de La Paz, al igual que el de Oruro, tiene un fuerte lenguaje religioso, que refleja el sincretismo entre lo andino y lo cristiano. “Mientras mucha gente cumple el rito de ir a la iglesia el Miércoles de Ceniza para que le coloquen la señal en la frente, otra todavía continúa la fiesta hasta el Domingo de Tentación, rompiendo la vieja tradición cristiana de que el miércoles termina todo y empieza la cuaresma”. El lenguaje de la trasgresión y sus personajes Cajías sostiene que el Carnaval paceño, como todo carnaval, tiene un lenguaje lúdico de trasgresión de lo cotidiano y esto se manifiesta en el Corso Infantil, pero sobre todo en la Farándula del domingo. “De los de Bolivia, el de La Paz es uno de los carnavales que mantiene la espontaneidad de la fiesta; por ejemplo en Oruro, además del culto a la virgen del Socavón, predomina la idea de una obra de arte, peregrinación y obra de arte, por lo tanto los actores ensayan desde el primer domingo de noviembre. En cambio, el carnaval de La Paz, como la mayoría de los carnavales de antaño, es un carnaval espontáneo en que los grupos salen sin tantos ensayos, sin tanta preparación, la gran mayoría haciendo esas típicas transgresiones: hombres disfrazándose de mujeres o la crítica a la situación política del momento. Entonces los personajes cambian dependiendo de la situación política, por ejemplo este año el personaje ha sido el Presidente de la República y, como recién está empezando su gestión, la ocasión ha servido para apropiarse de su personalidad, pero como un homenaje”. Ahora, dentro de ese juego de personajes hay dos que permanecen como íconos del Carnaval Paceño: uno es el pepino y otro es el chuta. “El pepino, como muchas cosas de La Paz, es un personaje mestizo que proviene de dos matrices, una matriz andina que es el kusillo, que es el personaje que trata de alegrar al público; y por el otro lado, la matriz del arlequín, el saltinbanquin que utilizaba estos trajes ajedrezados. El traje tiene una mayor influencia europea, en cambio en la máscara se ve más claramente la mezcla”. El rol del pepino es transgredir, alegrar, dice el historiador y ex Viceministro de Cultura. “Y aprovecha los carnavales para hacer cosas que una persona no haría en su sano juicio, en un día cotidiano. Entonces el pepino hace las travesuras más grandes y, al final, como en algunos carnavales del mundo se habla del entierro de la sardina, el símbolo de que el carnaval ha terminado en La Paz es el entierro del pepino. A partir de entonces el traje que se arruga en el ropero y la persona vuelve a ser la misma de siempre”. Tan fuerte es el personaje que en los últimos tiempos ha surgido una asociación de pepinos “pero en general el pepino es un personaje muy individual, sale en comparsas, pero más bien aprovecha de hacer solo cosas que no podría hacer en la vida cotidiana. Ahora, lo extraño en él y en eso se parece al arlequín, es que hay un dejo de tristeza también, hay mucha alegría en la actitud, pero muchas veces tiene una expresión triste en la propia careta”. El chuta, a decir de Cajías, es otro trasgresor de lo cotidiano. En el mundo andino aymara es muy fuerte el sentido de la pareja; es difícil pensar en una persona impar cuando se llega al desarrollo, pero el chuta, como su nombre además lo indica –el chuta cholero– es el único que baila con dos cholas y se oculta detrás de una máscara, inclusive finge la voz para que no le reconozcan y en el carnaval se da el lujo de divertirse y tener dos cholas, refugiándose en comparsas de nombres divertidos: Los Chutas Galanes y Sus Cholitas Cero Kilómetros, por ejemplo. “El chuta es una persona que se divierte, pero además es un personaje que tiene que ver con la sensualidad, con esa trasgresión sensual, pero a la mestiza, no es una sensualidad a la brasilera o la de los caporales que es mucho más explícita. Esto está en los nombres, en el juego, en la sugerencia del baile, la alegría… Ese es el otro gran personaje que acompaña al pepino en todo el carnaval y se va en ese gran momento que se ha rescatado últimamente que es el entierro del pepino. Por lo tanto, el domingo de Carnaval es el día del pepino y del chuta y el siguiente domingo, el de Tentación, coincidiendo con el entierro, vuelve a ser su día. Fiesta de innovaciones El tema de la belleza es un tema que predomina en el carnaval cruceño, la principal protagonista es la reina del carnaval. En la Paz no tenía ningún rol, pero hace unos años aparecen la reina del carnaval y la cholita o tawaco del carnaval, apunta Fernando Cajías. Ahora, desde hace ya una década, el lenguaje del folklore con identidad de La Paz, también ha entrado al carnaval paceño, al principio tratando de imitar a Oruro, pero luego de largos debates y para evitar duplicidades, se ha creado una entrada folklórica que es el Jisk’a Anata, con protagonistas provenientes de las provincias. “Es una entrada donde destacan danzas de la ciudad, pero sobretodo destacan las danzas que llegan de las provincias; entonces Jisk’a Anata es la parte folklórica del carnaval paceño que se realiza el lunes. Lo más importantes es que no es mero folklore urbano, sino un espacio donde se encuentran diferentes muestras. Inclusive este año ha habido grupos del Chaco, moxeños, además de grupos altiplánicos”. Todo esto es parte de una búsqueda de identidad. En las grandes ciudades, no solamente en La Paz, ha habido una crisis del carnaval. En Buenos Aires, Santiago inclusive se ha perdido el feriado de carnaval. “Y una explicación que daba un argentino es que ya el carnaval no es tan necesario como en otra épocas porque la trasgresión de lo cotidiano se produce todos los fines de semana, es decir, hay una gran oferta para transgredir. Y en la Paz es cierto que se ha perdido ciertas características, pero a diferencia de las grandes ciudades de América Latina hay una fuerte búsqueda de identidad y la fiesta es un factor de identidad, es la gran oportunidad de volver a la identidad. De ahí que esa definición de la fiesta como un refugio de identidad es muy cierta. Las vetas del Carnaval por investigar Fernando Cajías, quien trabaja en una investigación sobre la Entrada Universitaria, considera que la fiesta, “como el fútbol”, puede mirarse desde diferentes disciplinas. “Esto está sucediendo a nivel universal y en Bolivia también. Yo estoy empezando a ver tesis sobre fiestas o algún elemento de la fiesta. Esto se está dando en Turismo, en Comunicación a través de los lenguajes no verbales. En historia, en el tema de la otra cara de una sociedad de una fiesta; Psicología, Sociología, Antropología, Economía… Entonces creo que hay muchas vetas para la investigación”. Una veta es el tema religioso, sostiene el historiador, sobre toda la religiosidad de la fiesta. La otra, es el tema de la identidad. También la fiesta como una muestra de arte efímero, artesanía, indumentaria y coreografía. O la fiesta como un lenguaje no verbal que dice muchas cosas a través de los símbolos de la vestimenta. Luego, el tema social, quiénes son los actores directos e indirectos de la fiesta. “Y, bueno, el lenguaje económico es muy importante, por ejemplo, desde hace ya una década hay una fuerte corriente de mostrar cómo la cultura influye en el producto interno bruto, en la dinámica económica, las industrias culturales, los libros, etc. En Bolivia la fiesta es una gran dinamizadora de la economía, los sectores, los músicos, los artesanos que viven de las fiestas. Entonces economía y fiesta es un tema muy, muy importante y el lenguaje lúdico, obviamente, que requiere estudios sociológicos, sicológicos, cómo la gente cambia durante la fiesta”. |